LA PERFECCION EN YOGA

No se adquiere dominio en el yoga por medio de la flexibilidad o la fuerza

Diferentes fuentes coinciden en referirse a Patanjali como el padre del yoga. En el segundo sutra define al yoga diciendo: yoga es el abandono de toda proyección mental. De modo que dominio en el yoga es tener la capacidad de abandonarse uno mismo por completo en cualquier momento, en cualquier lugar. No sólo en le ambiente tranquilo de la sala de meditación, ni en la apacible ladera de una montaña. No sólo en momentos ocasionales de entusiasmo y sentimientos intensos.
La práctica de abandonarse a uno mismo, de dejar ir, es sutil y elusiva a la vez, y sólo puede ser invitada: no puede obtenerse directamente de ningún sitio; viene como resultado de un profundo entendimiento intuitivo, de una revelación. Esta invitación conlleva un proceso de aceptación total, contentamiento total y atención total. Esto es expuesto en detalle por Patanjali como yama y niyama. Los frutos del yoga no siempre son fáciles de reconocer, muchos de nosotros caemos en trampas fatales. Trampas que nos pone nuestra ambición. Una red en que quedamos cogidos mientras buscamos nuestro equivalente en diplomas, medallas, certificados o logros. Podemos obtener dominio en colocar los pies en la cabeza en flexiones hacia atrás ; nos volvemos habilidosos en poner la pierna detrás del cuello. Asombramos a nuestros amigos y algunos quedan perplejos por nuestra capacidad de hacer 108 saludos al sol. Nos asombramos nosotros mismos de nuestra habilidad de hacer el pino desde dandasana, bakasana o navasana. Pero aunque estas cosas son satisfactorias e impresionantes en absoluto indican que tengamos dominio alguno en yoga. Baryshnakoz podría hacer todo eso a la primera, así como también podrían muchos acróbatas, gimnastas y bailarines. Pero mientras estemos intentando impresionar a alguien, aunque sea a nosotros mismos, no estamos ni de cerca aproximándonos al dominio del yoga. Somos esclavos mientras que busquemos señales por las que nuestras habilidades puedan ser reconocidas. Si buscamos credenciales que simbolicen nuestro logro, todavía es nuestra mente perturbada por la ambición la que nos dirige. Aún somos esclavos de la ambición. El logro en una asana específica, por ejemplo, no está determinado tanto por la actividad del cuerpo, sino por la actividad de la mente. Por supuesto que estos dos no están separados. Cuando por ejemplo hacemos utthtitatrikonasana, no es el hecho de colocar la mano en el suelo lo que hace de esta postura asana, ni el alinear los hombros con la pelvis. No hay mejora sólo porque los pies estén en línea, las piernas estiradas, la columna en extensión y el pecho abierto. Hay progreso porque nuestra conciencia penetra en la actividad de cada una de las partes del cuerpo, y mientras lo hace la mente debe ser suficientemente sensible, debe estar lo mas silenciosa posible de modo que pueda reconocer si hay distorsión y ajustar lo necesario de acuerdo a ello. Y mientras el cuerpo responde a las sutiles percepciones de la mente, comienza a alinearse a sí mismo de un modo mas preciso, y con este alineamiento anatómico viene la libertad en los niveles vitales mas sutiles del cuerpo. En esta libertad, conciencia y energía pueden fluir libre y armoniosamente. Y este fluir profundiza aún mas la sensibilidad y quietud de la mente. Y así el círculo se amplia mas y mas a medida que alineamiento y conciencia nos llevan mas profundo en la armonía y gracia de nuestro cuerpo, y en la quietud y entusiasmo de nuestra mente. A medida que el cuerpo se vuelve mas y mas estable y libre, a medida que decrece el esfuerzo físico, la mete se calma de un modo gradual. Y no por sostener las posturas de un modo pasivo por largo tiempo, sino penetrando en ellas de modo mas dinámico, mas completo en profundidad. Así el dominio puede alcanzarse rápido, casi instantáneamente. Cuerpo y mente se vuelven uno a través de la práctica. Pero es posible hacer una imitación de lo que es el dominio de asana a través de fuerza, flexibilidad y agilidad. Pero una cosa es hacer el pino y otra es hacer adhomukha vriksasana,; no es lo mismo hacer el puente que hacer urdhva danurasana y la diferencia es claramente visible para el ojo de aquel que, al entrar en esas asanas, haya desarrollado la sensibilidad suficiente yendo hacia dentro y haya explorado las sutilezas de su propia anatomía y su propio cuerpo mente.. Pero la recompensa que proporcionan esos logros físicos, esa agilidad exótica es para el ego muy seductora y obstaculiza el progreso en el yoga. Debemos abandonarla si lo que queremos es obtener los frutos mas profundos de una mente tranquila.
Nuestro progreso, el nivel en el que nos encontremos no debería importarnos. Practicamos yoga simplemente cuando entramos por completo en la rica abundancia de cada momento. Si lo que hacemos lo hacemos por el efecto que vaya a tener, sea el que sea, no somos yoguis sino contorsionistas , acróbatas o payasos. Sin embargo, cuando practicamos simplemente para florecer en el momento, para despertar a la belleza y profundidad de lo que ya existe en nosotros y a nuestro alrededor, aunque vayamos tan lejos como podamos, no lo mediremos. Y no lo compararemos. No lucharemos para ir mas allá ni para que vuelva la experiencia que tuvimos ayer. No lucharemos pare alcanzar aquello que creemos que otro puede hacer. Tampoco perseguiremos ninguna meta intelectual. Simplemente honramos el momento como lo que es, en su totalidad; y al hacerlo, no importa lo libre o limitado que sea el movimiento del cuerpo, porque la apertura en la mente es total y entonces es cuando saboreamos los frutos del yoga, extasis, paz, alegría, amor. Es entonces cuando lo hemos logrado; y ya no nos importa.
Godfrey Devereoux 
1992 London