YOGA ES RELAJACIÓN


Todo el proceso de yoga descansa en un simple hecho: llegar a relajarse. Empieza con relajación física y va acompañado de relajación de tensión ideológica, mental y emocional; la práctica de yoga no es más que eso: dejarse ir. Y a través del aprendizaje de dejarse ir, para poder relajarnos en cada nivel de nuestro ser, descubrimos que siempre hemos estado dotados de todo lo que necesitamos.
El único problema es que nuestra tensión, nuestra ansiedad enmascararon este hecho. Reaccionando en exceso a las dificultades de la vida construimos una armadura física e intelectual que nos defienda. Y porque estamos condicionados a huir de la incomodidad, a evitar el sufrimiento, nos pasamos la vida acumulando tensión de conflictos sin resolver, y aunque; no somos conscientes de ello, esta tensión, esta incomodidad interna nos lleva constantemente en busca de una forma u otra de alivio. Quizá usamos alcohol o drogas para relajarnos, quizá vamos de compras o vemos películas violentas, pero estos intentos de aliviar la presión de nuestro dolor interno son sólo temporales y a menudo lo incrementan directa o indirectamente. Sin embargo, cuando a través de la práctica de yoga empezamos a relajarnos soltando la tensión que tenemos escondida, mientras resolvemos física y emocionalmente el conflicto interno , algo inesperado ocurre.
Descubrimos que todo nuestro esfuerzo anterior para ser más felices, mejores y conseguir un estado de paz superior intentando imponer nuestra voluntad al mundo externo a través de cualquier medio que hayamos elegido, no sólo fue inútil sino además innecesario.
Descubrimos que paz, alegría, contento, compasión, amor y entendimiento tienen naturalmente su morada en nosotros. Descubrimos que de hecho, no es cierto que la naturaleza humana sea violenta, cruel y egoísta. Descubrimos que esto es nuestra naturaleza condicionada, por el entorno social, y no nuestra naturaleza humana.
La liberación de tensión alcanzada por la práctica de yoga es gradual, suave y generalmente sin crisis.Comienza soltando la tensión física en músculos y la rigidez en articulaciones y ligamentos. Esto se alcanza en la práctica de asana. A medida que se suelta la rigidez física, el dolor emocional subyacente bloqueado en los tejidos se libera. Esta liberación a menudo conlleva una serie de sensaciones, así que puede que durante la práctica sintamos una serie de incomodidades o resistencia en alguna parte del cuerpo, y al hacerlo empecemos a sentir la presencia de una emoción, tal como angustia, ira o incluso un estado mental de confusión o duda. A menudo el sentimiento coincide exactamente con la experiencia de resistencia física o incomodidad. Si soltamos la postura, aliviando esa incomodidad física, el sentimiento que la acompaña también desaparece. Si permanecemos con el dolor físico, el sentimiento persiste, mientras que si el residuo de un sentimiento bloqueado es completamente liberado, la incomodidad física desaparece también, y sostener o restablecer la postura ya no vuelve a ser incómodo. Cuando practicamos pranayama llevamos este proceso a un nivel más profundo; empezamos a trabajar directamente con el dolor de nuestro corazón. El chakra del corazón, así como los pulmones está centrado en el pecho. La acción de apertura de las flexiones hacia atrás suaviza y abre el corazón. Cuando la tensión en este músculo del corazón y alrededor se afloja, el dolor de nuestro corazón también se libera. Pranayama es un proceso en el que todos los músculos pequeños del pecho y garganta usados en la respiración son sistemáticamente activados, ejercitados y tonificados. Para que puedan funcionar completamente debe soltarse toda tensión física de sus tejidos. Debido a su proximidad al corazón estos músculos tienden a llevar las huellas de traumas asociados con amor y confianza. Mientras estos músculos permanecen traumatizados, o crónicamente tensos, el chakra del corazón está restringido y el corazón cerrado: tendemos a asustarnos del amor y somos incapaces de confiar. Pranayama ayuda a liberar este miedo liberando su envoltura física. Cuando esto ocurre y relajamos nuestras defensas emocionales acerca del amor, nuestra vida comienza a caracterizarse por apertura, amor y alegría. Es especialmente en los músculos de la cara donde la tensión psicológica es más profunda. Los músculos de la boca y de la mandíbula en particular son crónicamente incapaces de relajarse. De hecho, cuando pensamos, el cerebro envía impulsos nerviosos a los músculos que van a ser requeridos para articular esos pensamientos, pero esos músculos no llegan a moverse y como resultado se va acumulando tensión constantemente en los músculos de la cara. La mayor parte del parloteo de nuestra mente viene por la ansiedad y tensión que rodea nuestra vida, tensiones y ansiedad de las que a menudo somos completamente inconscientes. A través de la meditación comenzamos a reconocer estos patrones de miedo y ansiedad que crean tanto ruido en nuestra mente; a medida que miramos en ellos y experimentamos el modo en que crean tensión y dificultad para nosotros, comenzamos a soltarlos. Cuando esto ocurre, la cara empieza a relajarse y los ojos a brillar. Una belleza de profunda felicidad ilumina nuestro rostro.
Todos nosotros guardamos actitudes inconscientes acerca de la vida que nos causan profunda tensión y de las que no somos conscientes. Esta tensión se expresa en los esfuerzos frenéticos que hacemos para controlar nuestras vidas, para tener éxito, para rodearnos de inviolable seguridad, para ser ricos o famosos, sabios o respetados. Creamos esta actitud como resultado de tempranas experiencias de traumas tales como la pérdida, el castigo, el miedo, el dolor vividos en nuestra infancia. Estas experiencias son procesadas en nuestra mente pre-conceptual como la naturaleza misma de la realidad. Nos asusta profundamente la vida. Pensamos en el universo como en una máquina fría e impenetrable de la que la vida ha surgido por accidente. Creemos que al morir iremos al infierno y seremos castigados por nuestros pecados. Creemos que la vida no tiene significado y que hay algo malo en nosotros mismos. Estos sentimientos son causa de tensión profunda que puede acompañarnos toda nuestra vida sin tan siquiera ser notada. Para poder soltar esta tensión que nos impide abrirnos a la belleza de la vida en cada momento, necesitamos verla. Y además de ver que está ahí, tenemos que ver el contexto que la rodea: cómo surge, cómo se expresa a sí misma en nuestras actitudes fragmentadas y acciones divididas y temerosas. Porque hay tanto dolor asociado a estas actitudes nos resistimos a reconocerlas y aceptarlas. Es extremadamente difícil para la mente el adentrarse profundamente y permanecer en tan intenso dolor, y por ello la meditación debe ser preparada por asana desarrollando en la mente la capacidad de recuperarse, para proporcionarnos estabilidad, y así pranayama se vuelve necesario para desarrollar tranquilidad. Cuando tenemos estabilidad y tranquilidad somos capaces de concentrarnos en esos asuntos que causan ese dolor y tensión, y entonces pueden ser resueltos y liberados. Este es el propósito práctico de la meditación: resolver nuestra más profunda e inconsciente tensión que causa tanta ansiedad y caos en nuestra vida. A medida que comenzamos a relajarnos profundamente, a aceptarnos por completo, descubrimos que hay mucho más que nuestra propia imagen, aunque esta sea positiva. Descubrimos que, cuanto más nos permitimos a nosotros mismos ser todo lo que intentamos no ser, cuanto más aceptamos la presencia de dolor, ira, duda o miedo en nosotros, pierde su potencial y más insignificante se vuelve. Y a medida que pierde su poder sobre nosotros, su habilidad para condicionar inconscientemente nuestras acciones, comenzamos a experimentar y expresar nuestra naturaleza más profunda. Comenzamos a vivir desde la paz, felicidad, alegría y compasión. Este es el verdadero fruto del yoga, nos devuelve nuestro legado perdido. Nos retorna a la belleza y riqueza de nuestro ser más profundo, a un estado de ser que nunca perdimos pero que permanecía oculto. Y este fruto se recoge simplemente por el camino de aprender a relajarse. Para esto es la práctica del yoga, estos son los resultados a los que lleva la práctica del yoga.

Godfrey Devereoux 
1990 Bepton, Sussex